Den una columna publicada el 7 de noviembre de New York Times, el economista Paul Krugman hace una pregunta pertinente: ¿Por qué tantos economistas se han equivocado acerca de las perspectivas de inflación? De hecho, en 2021 casi había consenso en que la inflación persistiría –o incluso se aceleraría–, lo que justificaría los importantes aumentos de las tasas de interés liderados por la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos. A artículo de septiembre de 2022 publicado por la Brookings Institution predijo que se necesitarían al menos dos años con una tasa de desempleo que duplicara la de entonces (3,5%) para que la inflación volviera al objetivo del 2%.
Sin embargo, la inflación ya había alcanzado su punto máximo antes de que se publicara este artículo, y mucho antes de que las subidas de tipos de la Reserva Federal pudieran entrar en vigor. Durante el año siguiente disminuyó, aunque el desempleo se mantuvo por debajo del 4%. El bando de la “inflación transitoria” ha sido ridiculizado durante dos años. Al final tenía razón. De hecho, la cuasiinflación de 2021-2022 ha demostrado ser transitoria.
¿Por qué los economistas han buscado tantas razones para ser pesimistas? En primer lugar, el miedo: si los trabajadores estadounidenses mantuvieran un colchón financiero gracias a las medidas de ayuda vinculadas al Covid-19, correrían el riesgo de ser «más difíciles de gestionar» por las empresas: la obsesión por el aumento de los salarios ha permeado todos los discursos del presidente de la Reserva Federal, Jerome. Powell. En segundo lugar, el poder: las altas tasas de interés respaldan el valor del dólar a nivel internacional.
Hay una tercera posibilidad: no es imposible que algunos economistas pidan tasas de interés altas para ganarse el favor de los banqueros, quienes se benefician de mayores ganancias (especialmente ahora que la Reserva Federal paga intereses directamente sobre las reservas bancarias). Una postura pública firme sobre el tema puede generar lucrativos honorarios por conferencias y consultoría e incluso conducir al acceso a puestos públicos de alto nivel.
La camisa de fuerza matemática
Krugman señala que todos estos economistas “son parte de la corriente principal de la profesión económica”. Consideremos con qué frecuencia estos economistas se equivocaron. Recordamos su fracaso a la hora de predecir la crisis financiera de 2007-2009, el tristemente equivocado giro hacia la austeridad en 2010. El diagnóstico erróneo sobre la inflación de 2021-2022 es sólo el último de una larga serie de “ajedrez”.
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