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La polémica liberación de Alberto Fujimori divide a la sociedad peruana

La polémica liberación de Alberto Fujimori divide a la sociedad peruana

A sus 85 años, Alberto Fujimori está libre. Con la espalda encorvada, un paso inseguro y una máscara que le cubre la parte inferior del rostro, el ex autócrata (1990-2000), condenado en 2009 a veinticinco años de prisión por crímenes contra la humanidad y siete años por corrupción (las sentencias no son acumulables en Perú), fue liberado el miércoles 6 de diciembre de la prisión de Barbadillo, al este de Lima, donde ha pasado los últimos dieciséis años. Lo rodeaban dos de sus hijos, Keiko Fujimori, tres veces candidata presidencial (entre 2011 y 2019), y Kenji Fujimori, exvicepresidente (2011-2018).

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La familia se apresuró a subir a un vehículo que apenas había salido de la prisión, donde una multitud de seguidores esperaba a “El Chino”, su apodo, en referencia a sus orígenes asiáticos, ondeando banderas peruanas, a veces vestidos de naranja. ropa, el color de los fujimoristas. Algunos habían acampado frente al centro penitenciario desde el día anterior, cuando el Tribunal Constitucional había ordenado su liberación. «inmediato», restableciendo así el polémico indulto otorgado en diciembre de 2017 por el presidente Pedro Pablo Kuczynski (2016-2018) y que fue revocado un año después por la Corte Suprema.

Minutos antes de su salida de prisión, aún persistían las dudas sobre su posible liberación luego de que el martes la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) fallara en contra. Ordenó al Perú que lo hiciera “abstenerse de su liberación”. Lima finalmente ignoró el consejo de la CIDH. Aldea “se sitúa al margen del derecho internacional”César Muñoz, director para las Américas de Human Rights Watch, se quejó en la red social

“La gracia es un insulto”

Otra multitud, esta vez de opositores, igualmente compacta, se reunió el martes cerca del Ministerio de Justicia para impugnar una liberación judicial. «vergonzoso» Y «ilegal». Un grupo de mujeres mostró fotografías de las víctimas de las masacres de Barrios Altos (1991) y Cantuta (1992), durante las cuales veinticinco personas fueron asesinadas por un comando paramilitar, bajo las órdenes de Alberto Fujimori, cerca de Lima. Los manifestantes sostenían carteles: “Un perdón es un insulto” (“la gracia es un insulto”). Al respecto se pronunció el vicepresidente de la Conferencia Episcopal Peruana, cardenal Pedro Barreto “Bofetada dada al país”.

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El indulto reinstaurado el miércoles se remonta a 2017, cuando, en Nochebuena, Pedro Pablo Kuczynski (alias “PPK”) indultó a Alberto Fujimori por “razones humanitarias”. Pero muy rápidamente su hijo Kenji descubrió y orquestó un acuerdo secreto con el campo fujimorista, entonces mayoría en el Congreso. El indulto fue otorgado por el “PPK” a cambio de la abstención de los diputados fujimoristas en una moción de censura en su contra. El Congreso estuvo a punto de acusarlo, sospechando que había aceptado sobornos del fabricante brasileño Odebrecht.

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Por Eduardo Carmona

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